domingo, 28 de noviembre de 2010

Un asombrado economista extranjero en España

Me he encontrado un recorte de periodico de un articulo publicado en Diario 16 alla sobre principios de los noventa. Que revuelo mas grande causó este articulo. Los notarios se levantaron en pié de guerra contra el autor; menos mal que no le pudieron encontrar...





Un asombrado economista extranjero en España

Donald R. Street

ESPANA está rodeada de supersticiones que afirman la necesidad de mantener a miles de funcionarios inútiles. Por ejem­plo, no comprendo el sistema español de las notarías, salvo que crea un purgatorio económico para la mayoría y un paraíso para un grupo de los que en economía se llaman «buscadores de rentas».
Comenté a unos amigos espa­ñoles que una transacción de pro­piedades en mi Estado, en Alabama, por valor de 300.000 dóla­res comporta unos gastos de transferencia del título de propie­dad de menos de 250 dólares. Mis amigos no lo podían creer, puesto que aquí esa misma ope­ración cuesta miles de dólares.
En Estados Unidos, la trans­ferencia de un título de un inmue­ble la hace un chico o una chica de dieciocho años que acaba de terminar el Bachillerato. ¿Acaso son por ello los títulos de pro­piedad menos seguros que en España? Claro que no, y, además, por el precio de una comida para dos personas en Madrid cualquie­ra puede comprar seguridad para su título de propiedad en EE.UU. a una compañía privada sin nece­sidad alguna de ningún abogado ni los servicios de un notario.
Pero en España, los jóvenes se pasan años y años estudiando para preparar las oposiciones, y hay cientos e incluso miles de aspirantes por cada puesto en ciertas profesiones. La razón es que quieren recibir las rentas de ese purgatorio creado por el Esta­do de forma totalmente artificial. Y lo malo de todo esto es que se produce una enorme desvia­ción de recursos que podrían diri­girse a satisfacer otras y más importantes necesidades de los españoles. He realizado investiga­ciones económicas en una docena de los 30 países del mundo por donde he viajado. Y he observado que cuanto más difícil es la trans­ferencia de las propiedades, más pobre es el país.
Como economista y consultor de un proyecto de desarollo pasé casi dos años en Haití, el país más pobre del hemisferio occi­dental, y noté que allí era casi imposible transmitir un título de propiedad. También en Haití se obtienen rentas de la gente. Un general recibe una cuota por el contrabando, otro consigue un porcentaje de todo lo que pasa por el sistema de fábricas de hari­na, otro de la industria del cemento, etcétera.
Mis amigos españoles me cuen­tan que numerosas profesiones, o bien son innecesarias, o bien cobran rentas por otros purgato­rios. Mencionan a menudo a los arquitectos, que firman algo sin haber realizado ningún servicio y capturan una gran cantidad de rentas. En los Estados Unidos, los arquitectos cobran por diseñar edificios, nunca por simplemente firmar.
Me contó un amigo que cuan­do recibió un aval báncario de los Estados Unidos en España tuvo que pagar 400 dólares a un «interventor» solamente por fir­mar. También me han comentado el elevado coste de las transfe­rencias de dinero a través de los bancos en España, un coste varias veces superior al que rige en Esta­dos Unidos.
He leído que la Telefónica se ha comprometido a instalar el teléfono en veinte días. En Esta­dos Unidos es posible que cuando uno solicita un teléfono, la com­pañía se lo instale en el mismo día. Por otro lado, yo mismo he tenido la experiencia de mandar un paquete que contenía cami- setas de mi Universidad a unos amigos de España que nunca lo recibieron. Hace poco me llegó a mi casa «urgente» desde Espa­ña: había tardado dos semanas.
Es el mercado Libre el que pue­de destruir los monopolios crea­dos para favorecer a un grupo de buscadores de rentas arti­ficiales.
Creo que ya es hora de que España elimine todas las trabas al comercio, la industria y las demás actividades económicas para que mejore la eficiencia y aumente el bienestar de su población.


Donald R. Street es catedrático de Eco­nomía en la Universidad de Auburn (Alá­banla, Estados Unidos).